EL REY DE LAS CALABAZAS DE EL BURRERO

 

(Fuente Diario La Provincia)

 

Agustín Viera, de 86 años, logra de sus huertos unos productos que se salen de báscula | Parte de la cosecha la dona al colectivo ‘Hoy por ti Gran Canaria’

 

La expresión ‘dar calabazas’ es bien conocida y usada por todos, y tiene un significado negativo. En cambio, nos hallamos en una situación en la que cambia completamente de sentido. Es muy positivo cuando hablamos de que Agustín Viera Rodríguez da calabazas, como a una ONG, familiares o amigos. Este vecino de El Burrero, de 86 años, tuvo esta temporada siete calabazas, una de casi 60 kilos y otra de 50.

En ocasiones la salud, en general, como los dolores en las rodillas, en particular, le dan un toque de atención a Agustín Viera Rodríguez, de 86 años, y que es vecino de El Burrero, en el municipio de Ingenio. Sin embargo, se encuentra bien por lo general, sobre todo feliz y muy ocupado cuando cada jornada acude a sus huertos ecológicos que tiene alquilados en una finca en El Burrero. En estas huertas no está permitido emplear en absoluto productos químicos en relación a las plantaciones, defensa respecto a las plagas de insectos y demás.

A Agustín Viera le ha tocado vivir muchas adversidades y etapas duras en su vida, y siempre que pudo ha estado ligado a la tierra, a las plantas y la creación de estiércol. Viera Rodríguez defiende que «hay que cuidarse y dejarse de vicios. Por ejemplo, con los aloes vera que planto, saco jarabe y gel». Muchos de los usuarios de los huertos acuden a él, le preguntan y le piden consejo por «su sabiduría», como dicen.

El cocinero Jazael Quevedo crea una ONG que reparte a diario dos platos de comida a un centenar de familias

Esta temporada ha tenido siete calabazas de distintos pesos, una de ellas de casi 60 kilos y otra de unos 50 kilos aproximadamente. Además, esas de mayor peso, como otras más ligeras, como de veinte, salieron alargadas y otras, pequeñas, redondas. El octogenario afirma, de forma humilde, que «no tiene nada de especial. Otros agricultores las han conseguido de mayor tamaño. En otra ocasión tuve una de más de 70 kilos y era redonda. Eso sí, no es tan normal que salgan tantas a la vez con mucho peso, ni es corriente que salgan alargadas. Todas las plantas fueron conseguidas de semillas».

«Los frutos de la calabacera dependen de muchos factores: de cómo sea y esté la mata, del abono, del riego y de cómo sea el suelo en el que está la planta, entre otros. No es nada fácil», declara este agricultor, quien explica que «de las calabacera nacen hijos, que hay que quitarlos, pero como ellos dejan más calabazas que los padres, pues a veces no se retiran. Depende de otros factores».

Destino de los frutos

Agustín Viera cuenta lo que pasa o ha pasado con cada uno de los siete frutos de esta planta de la familia de las cucurbitáceas. Uno de ellos de casi 60 kilos, alargado, lo entregó a finales de julio para que fuese llevada a la asociación Hoy por ti Gran Canaria, la cual tiene el local social en El Calero Alto, en el municipio de Telde, y cada día entrega comida a cerca de un centenar de familias y personas que viven en la calle. Respecto a la segunda calabaza, «se la di a un vecino [un usuario de otra huerta]. Pesaba unos 25 kilos aproximadamente», apunta Viera.

«No es normal que salgan con tanto peso y alargadas. Dependen de muchos factores», afirma el agricultor

Las otras cinco calabazas se encontraban el pasado miércoles en una de sus tres huertas, en sus respectivas plantas, pero no acabaron así al final de la jornada. Por la mañana, había decidido recoger tres de sus respectivas plantas: dos alargadas y una redonda.

Las dos primeras tenían un peso aproximado de unos 50 y 25 kilos, que estaban apoyadas en la tierra, y la tercera, de unos diez, se encontraba en el aire, envuelta en una bolsa y rodeada de unos hierros redondos que la envolvían completamente para protegerla de cualquier caída o golpe.

La retirada de los frutos, con cuchillo en mano, lo hizo con cuidado y esmero, tomando el tiempo necesario, y ayudado por otra persona, sobre todo cuando descolgaba la calabaza redonda.

«Esta última, la redonda, estará mejor para comer que las otras. Fíjese que es más amarilla por fuera. Pues imagínese cómo estará por dentro», comenta.

Respecto a qué iba a hacer con estos tres frutos, responde que «ya veremos, pero lo más probable es que hoy o mañana empiece a partirlas, y a repartir entre la familia y los amigos. Habrán muchos trozos. Sólo hay que ver sus tamaños». Las otras dos restantes, que también son alargadas y pequeñas, de unos diez kilos aproximadamente, pues han quedado de momento enganchadas a las plantas del huerto.

«Siento una gran alegría por hacer lo que más de gusta: cocinar y ayudar a los que lo pasan mal», declara

 

Cabe recordar que las calabazas se cortan cuando ya están maduras. En el caso de que no lo estén completamente, se mantienen en un lugar seco, con sol y sombra, de la vivienda o en otro sitio. Por lo general, se pueden cocinar cuando se recogen de las plantas, estando bien naranjas y con un sabor dulzón particular.

No sólo estas plantas cucurbitáceas son las que cultiva Agustín Viera, ya que en otra de las huertas ha puesto la plantación de sandías, con un sistema de alambres de dos plantas. En sus cultivos no faltan las plataneras, los papayos, pimientos y el millo, entre otros muchos.

Altruismo

Además de las donaciones de calabazas por parte de Agustín Viera, nos encontramos varias historias altruistas demás relacionadas con la alimentación. Aitor Ruano es quien gestiona estos huertos ecológicos familiares de El Burrero, y quien con regularidad, cada una o dos semanas, reúne productos de las distintas huertas, y que han sido donados por los numerosos usuarios, como la calabaza de casi 60 kilos de Agustín Viera, como también comida procedentes de las casas de los que colaboran.

Esta finca, que tiene una superficie de unas tres hectáreas, cuenta con más de sesenta huertos, dos de los cuales se les denomina solidarios y sus producciones son para los demás. Uno de ellos tiene en su mayoría plataneras.

Entonces, Aitor Ruano entrega la comida a la asociación Hoy por ti Gran Canaria, la cual tiene el local social en El Calero Alto. Este recinto, que ha sido cedido por el Ayuntamiento teldense, cuenta con una equipación de la cocina, neveras, estanterías y todo lo demás, que fue donado por particulares y empresas. Además, esta asociación tiene un vehículo preparado y equipado para el reparto diario de los platos de comida.

Jazael Quevedo Cabrera, cocinero de 34 años de edad, vecino de Telde, estaba en gran parte del año pasado 2020 incluido en un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) por el frenazo del sector turístico por la pandemia mundial del Covid-19.

Como no podía estar quieto y pensaba en los vecinos y en aquellos que no alcanzaban a tener el suficiente recurso económico para garantizarse la comida por la grave crisis económica, sanitaria y social , Jazael Quevedo comenzó a madurar en agosto de 2020 la idea de crear la asociación Hoy por ti Gran Canaria, que ya hizo realidad a partir de octubre, y está en marcha con casi una decena de voluntarios.

El octogenario se ocupa cada día de sus pequeñas plantaciones de papayas, pimientos, millos y plátanos

Desde el principio, numerosos amigos, profesionales, agricultores, y vecinos y vecinas aportan productos de alimentación, como hace Aitor Ruano.

De esta forma, Jazael Quevedo y los otros colaboradores preparan y reparten a diario dos platos de comida, con fruta o lácteos para casi un centenar de familias y personas que viven en la calle, y que se encuentran entre La Isleta y Vecindario, es decir, en los municipios de la capital grancanaria, Telde, Ingenio, Agüimes y Santa Lucía de Tirajana. Algunas de esas personas viven en cuarterías o cuevas.

En la actualidad, este joven cocinero altruista ya no está en situación de ERTE y se ha incorporado a las cocinas del hotel Abora Lopesan Buenaventura, situado en Playa del Inglés, en el término municipal de San Bartolomé de Tirajana. Sin embargo, continúa con su labor en la cocina del Hoy por ti Gran Canaria para alimentar a los más necesitados, y sacando horas de dónde pueda para cumplir en las dos cocinas.

Sobre qué siente al hacer esta labor solidaria, Quevedo Cabrera afirma que «me proporciona satisfacción y alegría poder hacer lo más que me gusta, cocinar y ayudar a esas familias que lo están pasando mal, y parece que a veces nadie lo ve. Mi lema es: ‘granito a granito hacemos una montaña’, y gracias al pueblo canario que dona la comida pues podemos ayudar de buena manera».

Un grupo de usuarios de huertos ecológicos entrega con regularidad alimentos para los que no tienen

«Seguimos en la lucha. La verdad es que muchas, pequeñas y grandes empresas, y el pueblo, se han volcado. También empezaremos pronto con la recogida de productos navideños y juguetes. Ya hemos empezado con la de material escolar para repartirlo a los que les haga falta», añade.

Finalmente, otro proyecto de esta asociación es el denominado La hucha solidaria, al que se sumaron medio centenar de establecimientos de toda la Isla, como fruterías, farmacias, gasolineras, papelerías, restaurantes o peluquerías, entre otros.

A través de esta iniciativa cada uno pone pequeñas cantidades de dinero que se destinan para pagar servicios para necesitados, así se ayuda a las familias necesitadas, como a los pequeños comercios y establecimientos.

 

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